

Nos ha dejado Elisa María,Nuestra querida profesora de piano
“Hoy de madrugada se ha marchado sin avisarnos, seguro que para ir a impartir sus clases de piano a recónditos lugares, dejando en nuestros corazones una inmensa pena”
Cuando me propusieron la idea de traerla con su maravillosa cualidad a cuestas no lo pensé dos veces y di el vamos. El Directorio de la CGT se sintió gratificado de que una joven profesora hubiese decidido entregar su talento a los hijos de los trabajadores y en un dos por tres ratificó mi decisión y todos juntos habilitamos su espacio y la hicimos una de nosotros.
Mientras intento encontrar las palabras para despedirla, sonrío y también lloro. Y ustedes lo harían si hubiesen presenciado el trabajo que hubo que hacer para ingresar a la sede su piano; lo habrían hecho satisfechos al ver llegar a los niños que dieron vida al proyecto y se habrían emocionado al ver a su primera alumna interpretar un par de piezas el día que hicimos el acto previo al Primero de Mayo.
Mientras intento encontrar las palabras para despedirla, sonrío y también lloro. Y ustedes lo harían si hubiesen presenciado el trabajo que hubo que hacer para ingresar a la sede su piano; lo habrían hecho satisfechos al ver llegar a los niños que dieron vida al proyecto y se habrían emocionado al ver a su primera alumna interpretar un par de piezas el día que hicimos el acto previo al Primero de Mayo.
Yo la conocí desde muchos años atrás. Supe de sus penas y de sus alegrías, disfruté de sus éxitos y me entristecí con cada traspié que tuvo. Por eso siento como mío el dolor de sus padres, hermanas, abuelitas y demás familiares y amigos, que no se conformarán durante mucho tiempo por esta dolorosa pérdida.
Elisa María tocaba el piano desde muy joven. Estudió en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile y años después volvió al mismo lugar para deslizar sus dedos entre las teclas y acompañar con sus notas a las niñitas que se iniciaban en el ballet.
Desde que llegó fue una más de la CGT, compartió con los dirigentes, atendió con diligencia a los hijos de los trabajadores que, temerosos al principio, miraban el gran instrumento que tenían delante sin atreverse a tocarlo. Ella los guiaba con paciencia y lograba que esos deditos infantiles le sacaran las primeras notas al piano.
El sábado era para ambos un día especial. Si yo encontraba su motoneta estacionada en la entrada del edificio es que se me había adelantado y me esperaba sentada en el suelo a la entrada de la sede, leyendo algo la mayoría de las veces.
Compartíamos un sándwich y dos obleas bañadas en chocolate. Nos turnábamos para comprar la caja de leche y siempre me trajo un paquete de galletas rellenas con crema. Hablábamos de nuestras familias y nos confidenciábamos secretillos, reíamos a veces a carcajadas con algún chascarro, a la espera que llegara el primer alumno.
Ay, Elisa María, estoy tan triste como los padres de tus alumnos, como tu familia. Estoy en este momento tan triste que no he parado de llorar. Es como si hubiera perdido a una de mis hijas... Y es que eso fuiste para mi todo este hermoso tiempo en que te conocí, en que te conocimos.
Sólo te puedo asegurar que, por todos los que nos han dejado -tú incluida-, seguiremos adelante con nuestras tareas... Aquí te quedas en nuestra sala de música y de seguro nadie se opondrá si algún día decidimos que lleve tu nombre.
Sólo te puedo asegurar que, por todos los que nos han dejado -tú incluida-, seguiremos adelante con nuestras tareas... Aquí te quedas en nuestra sala de música y de seguro nadie se opondrá si algún día decidimos que lleve tu nombre.
Fuiste una de las colaboradoras de la CGT y quedas en nuestro corazón.
Te estamos agradecidos por siempre.
Te estamos agradecidos por siempre.
MANUEL AHUMADA LILLO
Santiago 29 de Noviembre de 2007
Santiago 29 de Noviembre de 2007

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